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Ideas para el Proyecto Nacional (III Parte)
V. CULTURA. EDUCACIÓN
16.- Entendiendo la cultura como forma de acuerdo a la cual los diversos grupos humanos se proyectan hacia el futuro relacionandose con Dios, entre sí y con las cosas, se conforma un estilo de vida en común que fundamenta los signos distintivos de la singularidad nacional.
Esta realidad existencial y concreta lleva a la conclusión que tomar un "hombre-general" como exponente de "cultura-universal", es una ficción ideológica. El hombre, en nuestro caso el hombre argentino, está inserto en lo cultural a través de una vertiente, justamente argentina.
Toda creación del hombre -que esto es en definitiva el hecho cultural-, compartida en actitudes y trasmitida como le, es irrepetible. En nuestra civilización greco-romana hay varias expresiones culturales, y en nuestra propia idententidad cultural existen fuentes diversas; pero una sola manera de expresarse. Y porque resulta la única manera posible para conformar y definir al Ser Nacional, la cultura siempre es nacional; por ésta es definida la nación (Osvaldo Guglielmino); los pretendidos "pluralismos" apuntan a varias naciones.
Ese sentimiento nacionalista que surge "de la entraña misma de la tierra", mínimo y defensivo, resulta "el fundamento de la idea nacional de que el Estado argentino debe recoger e interpretar y a la que debe darle fuerza ejecutiva" (Raúl Scalabrini Ortiz). El orgullo de lo nuestro es la afirmación nacional; esto el Pueblo lo percibe con perspicacia; que es diverso a la vanidad, renuncia a ser en aras a parecer; la tilinguería y el medio pelo, justamente, han prostiuido los hábitos culturales argentinos (Arturo Jauretche). Es la zoncera de la "media-clase", como decía irónicamente el maestro Alberto A. Mondragón, que lleva a una "disposición denigratoria" producto, a su vez, de una deformación intelectual foránea (A. Jauretche).
17.- A esta negativa situación han contribuido los medios de comunicación "eficacísimos instrumentos de... confusión" (P. Leonardo Castellani), en manos de determinadas "cadenas" internacionales. Fue Jauretche quien tratara el tema con su habitual ironía y profundidad. La zoncera de "lo dijo..." hoy se ha instalado en la sociedad argentina. Se hace imprescindible desmitificar el nuevo dogma religioso del que se escuda tras un micrófono o una pantalla, y de la pretendida libertad de prensa: que no existe. Hay, sí, libertad de empresa que es otra cosa bien distinta. Con las admirables excepciones de esforzados programas independientes que, normalmente no llegan al gran público, sea por la baja potencia de las emisoras o debido a que los espacios centrales de las de mayor envergadura resultan económicamente inaccesibles, como porque las posibilidades televisivas exceden las realidades de militantes comprometidos en la defensa de los nacional y, por tanto, a contramano de los intereses de empresas con intereses foráneos.
La ausencia de espíritu crítico, esto es, de no saber y/o de no querer distinguir racionalmente, abunda en los medios periodísticos. No puede existir libertad para atentar contra la libertad de querer ser y sentirnos argentinos; la libertad, cualquier libertad, debe enmarcarse en los fines supremos del bien común.
18.- "Esta marca de fábrica" es la que nos distingue, la que nos proporciona la base sólida para la imprescindible cohesión y solidaridad, es factor predominanate de la personalidad social, es la que sistematiza valores, comportamientos y actitudes, es la que protege la identidad nacional.
Un pueblo se funda en su cultura que lo nutre y mantiene vivo; diluido en los fangosos esteros del universalismo, se pierde, porque no conserva identidad, niega el pasado y compromete el futuro.
De allí la importancia de la propia tradición, valores a conservar, y del conocimiento exacto de su historia. "La mayoría de los males de América provienen de gobernantes que no saben historia", ha dicho con sobrada razón Luis Alberto de Herrera.
Medulosamente expresa Juan Pablo II que "la cultura es el fundamento de la vida de los pueblos, la razón de su identidad profunda, el soporte de su supervivencia y de su independencia". Concepto este no libresco, para el cual ser culto es estar informado o conocer las últimas modas. ¡Informado de lo foráneo, e ignorante de lo propio! Versión moderna de "civilización o barbarie".
La única cultura verdadera es la nacional, manifestada si se quiere en el deseo insatisfecho por ser Nación, pero no fuera de los marcos de ésta; es popular en cuanto el Pueblo va creando y recreando nuevas expresiones; es humanística porque el hombre concreto argentino, es el centro de sus afanes; es cristiana porque los valores surgidos de Cristo son los fundantes de nuestra cosmovisión. Todo esto conforma la herencia a transmitir, sin la cual, cualquier proyecto se convierte en simiesca imitación; ninguna expresión foránea, puede representar válidamente los intereses del Pueblo Argentino. Son nuestros valores aunque sus esencias sean universales porque dimanan de la ley moral natural, propios e irrepetibles. No somos ni mejores ni peores; somos. Y ésto es lo que nos forma como argentinos.
19.- Decía Perón hace más de cincuenta años que la primera meta de la escuela debía ser "entronizar a Dios en las conciencias exaltando lo espiritual sobre lo material", ya que "el fin de la vida no es la riqueza sino la virtud". Proscripto Dios, ¿puede quedar algún valor serio en pie?
Justamente éstaes la gran falencia desde el laicismo implantado por liberales y masones durante los años 80 del siglo XIX, hasta los afanes mercantilistas de estas últimas décadas. SIn DIos no puede haber educación integral y, por tanto, peligra el destino nacional. Negando lo espiritual ¿qué paradigmas presentamos a nuestros niños y jóvenes? El logrero, el avivado, el exitoso o la diva valen más que el santo, el héroe o el sabio. El laicismo escolar -que en la práctica ha significado la negación de Dios- compromete seriamente los fundamentos de una Nación basada, desde su comienzo como tal, en los ideales evangélicos. Dios es el gran discriminado en la escuela argentina (Card. Jorge M. Bergoglio).
20.- Desde la perspectiva del hecho cultural nacional debe partir la acción educativa, como medio para el fortalecimiento de la conciencia nacional. En nuestro caso la enseñanza fue -y lo sigue siendo- un proceso de aculturización que se utilizó, en su momento, para convencernos de que estábamos bien en ser colonia de Inglaterra (O. Guglielmino) y para sumirnos ahora en las garras tentaculares del nefasto Nuevo Orden Mundial que intenta desterrar la religión y las patrias (P. Alfredo Sáenz). Ni historia, ni nacionalismo, ni religión, como lo escribiera Zbignew Brzezinski.
Una educación supuestamente imparcial, neutra universalista, relativista... lleva a no compromiso, a indiferencia social, a ideologismo extraviado en lo filosófico, religioso e histórico. No es posible confundir bien con mal, o pensar que todo es igual. La esucela "debe enseñar a los niños el amor por la virtud y el odio por el vicio" (Manuel Belgrano).
El fin de la educación es la búsqueda de la verdad para el ejercicio de la justicia. Esto que nos libera se expresa concretamente en el deseo por "ser más" Y ser más argentinos, más patriotas, más comprometidos con nuestros valores nacionales jerarquizados. Porque más que por potencial económico, numérico o armamentístico, la grandeza de un Pueblo se mide por el índice de su dignidad y por el valor de su cultura. Cultura es poder; y cultura nacional es poder nacional. Solamente así será posible que el Estado Soberano pueda conformar una Nación libre para una Comunidad Organizada en justicia solidaria y en verdadera libertad. La prioridade: renovar-restaurar al hombre argentino en sus valores fundamentales.
21.- La cultura que nos quieren imponer es la que busca el "pensamiento único" nivelador y uniformante "y lo que obstaculiza la toma de conciencia de nuestro ser cultural". Contra esto se alza la cultura católica, de modo que la iglesia se ha convertido en el más formidable ariete contra esta pretendida dominación (P. Aníbal E. Fosbery); dominación esta que hasta ha trastocado la significación misma de las palabras de modo de producir perversa confusión en las ideas. Y de ideas confusas, no puede concluirse en acciones lúcidas... Ya en 1946 el gran Papa Pío XII enseñaba que "el camino que traza (la Iglesia) en su proceso y en su expansión es contrario al que sigue el imperialismo moderno".
Justamente el enfoque de Fukuyama se basa en eliminar la religión y las patrias, permitiendo la religión tolerante y aceptando naciones finalizadas en las banderas o el himno (P. Saenz). Pero sabemos que el nacionalismo, como suprema expresión de amor a la Patria, y la religión, basamento insustituible de la moral y dignidad humanas, son base inconmovible de sustentación de las comunidades nacionales.
De allí que proponemos una seria reformulación de lo cultural y de lo educativo, volviendo a las fuentes de nuestras auténticas tradiciones nacionales y a las valoraciones de nuestro acervo cristiano que otorgan identidad al pueblo argentino y recuperan el patrimonio cultural-espiritual. Sin éstos, resulta imposible borronear siquiera un proyecto de nación, pues si no somos lo que debemos ser, mal podemos ser mejores. Acervo desintegrado como medio para neutralizar nuestras potencialidades y comprometer el mismo patrimonio físico (Florentino Díaz Loza); y, por supuesto, frustrar definitivamente nuestra vocación iberoamericana en la reconstrucción de su perdida unidad.
Tal marco referencial es el único posible para la realización integral del hombre argentino, posibilitado por una Argentina también realizada. Toda concepción tecnocrática, elitista o marxista, "trabaja deliberada o inconscientemente para que la sinarquía cercene irreparablemente nuestra vocación de autonomía espiritual y obstruya por siempre la formación de una autentica cultura nacional", escribe Perón; y concluye: "el desarraigo anula al hombre y lo convierte en indefinido habitante de un universo ajeno".
Se trata, como dijimos, de restaurar los valores, reforzar los lazos nacionales yd efender nuestra cultura católica; aún no teniendo fe personal, resulta medio de reafirmación de nacionalidad y de arraigo.
Solamente así estaremos en condiciones de configurar la armonía de valores necesaria para el proyecto compartido de vida en común. Porque "los pueblos sin moral, carecen de historia" (Perón).
22.-Resulta ocioso recordar que desde hace décadas la Nación fue perdiendo presencia en ciencia y tecnología. Lo arduamente logrado y trabajosamente obtenido, sobre todo a partir de la década del cuarenta, se vio seriamente afectado por enconos politiqueros y miopes resentimientos. La independencia económica hoy resulta impensable sin investigación ni desarrollo. Son bien conocidas las angustias de nuestros investigadores, científicos y técnicos a merced de planes que parecen diagramados por el enemigo. El ideologismo se ha mostrado cruel y ha resultado corrosivo, anulando la mayoría de los proyectos, desmantelando las principales instituciones de investigación; también en este rubro el afán privatizador cumplió sus ocultos propósitos. La industria de base y de la producción para la defensa (blindados, misilística, aviación, buques, submarinos, armamentos...) fueron sistemáticamente desmanteladas, anulándose promisorias realidades tanto para el autoabastecimiento cuanto para la exportación. Nos hallamos en manos de aventureros irresponsables y de nefastos personeros de intereses foráneos. La dependencia tecnológica es una suerte de dominación y justamente su solución "está en el corazón de la conquista de la liberación" (Perón)
En esto también hacemos nuestros los conceptos que, para todos los argentinos, nos dejara el "Modelo Argentino".
(En la próxima actualización la IV parte)
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