![]() |
![]() |
Ideas para el Proyecto Nacional (V Parte)
VIII. EL ESTADO
32.-El Estado Nacional es el organismo superior necesario para el ejercicio del gobierno. En él reside el poder y la autoridad, y conduce las diversas cuestiones políticas, sociales, culturales, económicas en el dominio que le resulta propio. La fuerza supletoria, integradora y orientadora del Estado asegura al Pueblo su total realización, y a la Nación, su posibilidad de grandeza.
El fin del Estado es velar por el bienestar físico, moral y espiritual de todos sobre una amplia base de participación popular que supere tanto al absolutismo colecivista que absorbe la personalidad humana; cuanto al individualismo deshumanizado que reduce a aquél a una mera función de policía, neutro y prescindente.
El grave error conceptual del liberalismo, difundido por precisos instrumentos de los intereses económico-financieros, ha concluido en la Argentina de hoy en un Estado totalmente ineficaz; podemos decir, sin temor a equivocarnos, que nunca en la historia argentina se halló el mismo más debilitado. Más, prácticamente no existe. Aquellos principios trasnochados de que el mejor Estado es el que menos manda, o que achicar el Estado es agrandar la nación, fueron aceptados de buena fe por muchos que, ignorantes de las realidades mundiales, así lo creyeron. En efecto, las grandes naciones cuentan con poderosos Estados que posibilitan lo que organizaciones privadas no pueden realizar. Desde 1955, y sobre todo a partir del nefasto marzo de 1976, se achicó el Estado Argentino y se anuló la Nación con capacidad de decisión autónoma; tenemos, como remate, una autoridad debilitada a merced de grupos que presionan de acuerdo a sus intereses particulares. La embestida actual del Nuevo Orden contra los Estados Nacionales es claro indicio de la necesidad de los mismo para que los pueblos puedan cumplir su misión histórica.
33.- El Estado no es el garante del bien común, sino su custodio, para el servicio total de las personas, "ya que el Estado es para el hombre y no el hombre para el Estado" (Pío XI). Aquéllas son superiores al Estado, pero deben estar subordinadas a un ordenamiento jerárquico que posibilite la consecución de sus derechos.
El Estado, para ser legítimo, debe ser eficaz, no bastando la mera legalidad de un gobierno para el funcionamiento correcto del mismo. La legalidad en el sentido de designación de las autoridades según la ley y que éstas ejerzan su mandato también legalmente, no es legitimidad. La legitimidad del mismo está en relación directa a su eficacia en cuanto a encarnar la misión histórica nacional sin cuya consecución nada puede legitimar su accionar. Procurar eficazmente el bien común, respetar las exigencias del orden natural y valorar tradiciones e historia de su propio pueblo (C. Sachieri) hacen a su esencial legitimidad.
Esta afirmación de la Nación exige la participación pelna de los ciudadanos para constituir un pueblo organizado con conciencia y personalidad sociales (Perón). Este pueblo así organizado resulta basamento para la organización de la comunidad que habrá de posibilitar a la nación su liberación ingtegral y su destino de grandeza. El gobierno no puede cumplir correctamente la función que le compete como propulsor del bien común cuando meramente ocupa el Estado para uso de facciones partidocráticas o para beneficio de prejuicios ideológicos. Tampoco es dable hacerlo con aparatos estatales deteriorados o, lisa y llanamente, inexistentes, ya que la debilidad de los mismos produce anemia y anarquía en todo el cuerpo social. Potenciar los mismos es solidificar la Nación, pues la única posibilidad de que el Estado sea, es que sea nacional; de otro modo, no es (A. Buela).
Asimismo la misma legalidad se halla en entredicho cuando, entre otras causas, el gobierno surge de un golpe institucional; o abusa de su posición contrariando promesas; o existe notorio vacío de poder ya que "cuando un gobierno es incapaz de gobernar, deja de ser legítimo" (Teodoro Mommsen); o cuando se extralimita con los decretos bajo excusa de necesidad y urgencia. En este caso el poder legislativo es convertido en mero instrumento de apariencias seudo-democráticas, no vacilándose ante el soborno, las mentiras y cualquier inmoralidad que otorga la impunidad del poder (como lo demuestra la realidad de estos últimos años), vulnerando las bases mismas que dice respetar: la división de poderes y la separación de funciones. Por otro lado una justicia complaciente, tardía y de cuya imparcialidad se duda, no es lo más acorde a un pregonado sistema republicano de gobierno.
La legitimidad, cualquiera sea el origen del mando, se halla sumamente cuestionada cuando el gobierno no puede orientar el timón del Estado en función de los intereses nacionales; la incapacidad en tal sentido es la forma más eminente de corrupción. Asimismo la ausencia de principios morales y la falta de lealtad a aquéllos son otras tantas maneras de ilegitimidad.
Que Dios y la Patria demandarán. Gráficamente lo expresa el eminente historiador alemán arriba citado, que es inútil una fortaleza donde no se escucha "una voz de mando" por ausencia del jefe; sin conducción ningún grupo humano, y menos una nación, puede desarrollarse. Reseña el perenne magisterio de Castellani: "Un hombre solo no puede salvar a una sociedad de la ruina; pero un hombre solo puede ser vuelto por Dios una señal de que una sociedad va a la ruina".
Por otra parte resulta imposible alcanzar la mínima eficacia gubernamental sin un profundo conocimiento de la realidad; de ésta surge la necesidad de la planificación que abarque las iniciativas privadas, pero que apunten a lograr los objetivos de conjunto. La diferencia entre un estadista y un politiquero es que aquél piensa en la proxima generación, y el segundo en la próxima elección.
Cuando los pueblos no planean desde adentro, se lo arman desde fuera, y cuando no existe un Proyecto Nacional, aparecen los designios foráneos que, de acuerdo con la experiencia vivida, jamás nos resultaron beneficiosos.
34.-La aparición de fuerzas nuevas acordes a la evolución social choca con otras que intentan permanecer anquilosadas en viejos moldes por diversos motivos: defensa de injustos privilegios, deseo inmoderado de predominio político o económico, imposición de intereses grupales no acordes con las necesidades generales. El pueblo defraudado "intuye que la República se encuentra secuestrada por dirigencias partidarias o por los intereses que los sostienen y dominan, contrarios a los intereses de la Nación" (Mons. H. Aguer).
¡Esto no va más!
Entonces se torna imprescindible la Revolución Nacional que es el medio que tiene la sociedad para poner las estructuras acordes al ritmo necesario a fin de no quedar varada la misma en el proceso evolutivo. Sin aquella resultan utópicos los cambios estructurales que permitan encontrar solución a las graves crisis que padece la ciudadanía, sufre la nación y perjudica el desenvolvimiento eficaz del Estado.
Las organizaciones libres del pueblo y los organismos vitales de la comunidad deben otorgar la necesaria posibilidad, permanencia y profundización para garantizar que la acción transformadora no finalice en "gatopardismo", sino que concluya en profunda revolución; revolución esta en paz que hoy necesita la Nación Argentina. Ayer fue útil, hoy se torna imprescindible. Y para que su acción pueda perdurar en el tiempo debe ser obra de todo el Pueblo y no fruto de élites, por bien intencionadas que parezcan.
La lucha, sin cuartel, es contra "el régimen falaz y descreído" (H. Yrigoyen), y sus instrumentos: la partitocracia corrompida y corruptora, su estructura jurídica, su andamiaje económico, su injusticia social (Enrique P. Osés).
Si no la realizamos a tiempo, con lúcida conciencia nacional, la Patria que es sentimineto del pasado, vinculación en el presente y proyección al futuro porque conocedora de su misión a cumplir en el mundo, estará al borde de la disolución.
IX. LA COMUNIDAD ORGANIZADA
35.-Hablar de comunidad Organizada pareciera ser una tautología. En efecto ¿qué puede ser la comunidad sino organizada? Sin embargo sufrimos situaciones contrarias. El proyecto político actual no es representativo de la necesidad de los argentinos. En 1853 se dictó una constitución a contrapelo de la nación real; en 1994 se completó el estrangulamineto en conformidad con los intereses uni-mundialistas. El sistema liberal que entre nosotros murió de muerte natural en 1930, tuvo su aliado renovador en sucesivos golpes militares que lo oxigenaron (excepción hecha del ocurrido en 1943 que comenzó un proceso transformador y revolucionario, lamentablemente abortado por intereses foráneos y complicidades internas).
A nivel popular se confunde política, como la ciencia arquitectónica del bien común, la "salus populi" de los romanos, con politiquería logro de cargos y prebendas, política-juego que consiste en apostar y ganar: partidocracia que anula la verdadera y auténtica democracia.
De allí que todo gobernante debe conocer profundamente las razones éticas últimas del accionar de aquélla;y, asimismo, poseer una profunda vocación de servicio, porque mandar es servir.
Se ha deteriorado tanto este concepto, que la idea general es que hacer política es hallarse metido en roscas y arreglos. Pragmatismo, se expresa; debo salvarme. Y esto significa que en cada momento se hace lo que "conviene hacer", concluyendo en lo inmoral y en lo amoral; lo hemos constatado en estas últimas décadas. Nosotros consideramos útil el realismo crítico, es decir, sostener la realidad, aunque no nos guste, y precisamente, por eso, debemos perfeccionarla y cambiarla.
Ya lo había, sabiamente manifestado Perón: "Nuestro modelo político propone el ideal no utópico de realizar dos tareas fundamentales: acercar la realidad al ideal y revisar la validez de este ideal para mantenerlo abierto a la realidad del futuro".
La política, en pensamiento de Santo Tomás es lo que más asemeja a Dios, pues así como Éste, con su providencia, se preocupa del mundo en su generalidad, el político, prudencialmente, debe abocarse al bien del todo.
La realidad que lamentablemente padecemos da razón valedera, salvo rarísimas excepciones, a aquella otra visión pesimista. Que debe ser subsanada, pues si el hombre "está ordenado a la convivencia social" (Aristóteles), sólo la realización social lo puede perdeccionar en su persona.
Se han abandonado los valores; el servir ha cedido a servirse; la metafísica de la construcción al juego; la verdad al número.
36.- Si la política es un "hacer artístico" (Marcelo Sánchez Sorondo), como lo es, significa que debe tener como fundamento lo bello, lo bueno y lo verdadero. Separar la moral de la misma, entonces, lleva en sí el germen de la destrucción, la base del descreimiento y la pérdida de confianza.
La desesperanza en las posibilidades de la Nación es sumamente peligrosa pues se "experimenta un complejo de inferioridad" que hace a esa sociedad "vulnerable a las fuerzas de la disolución" (Georges Burdeau). ¿No es éste el peligro que en estos momentos se cierne sobre la Nación? Por eso adquiere vigencia el pensamiento de Castellani: "La inteligencia argentina tiene hoy una tarea y un deber sacros, pensar la Patria". Y como supremo ideal para aquéllos que vocacionalmente se hallan orientados hacia la acción pública, supremo deber de amor hacia el prójimo, nada mejor que recordar lo de Hipólito Yrigoyen: "... me identifiqué con la empresa redentora de la Patria...", pues "sólo se entrega la vida por la causa de la Patria cuando se tiene: luz en el alma para comprenderla; entusiasmo en el corazón para amarla y energía en el brazo para defenderla".
Escribía el Padre de la Patria que para defenderla a ésta no se necesitaba más que "orgullo nacional". ¿Y qué es este? Conciencia nacional, que es el despertar de los valores en relación a la tierra en que se ha nacido, el medio en que nos hemos desarrollado; valores que Dios nos entregó para que la Nación prime por encima de todo interés material o de cualquier pasión subalterna. Acá se entronca la idea de la provincialidad de la Patria; no nacimos de casualidad en Argentina. Cada uno de nosotros debe descubrir la misión a cumplir en aras a la gran empresa que, entre todos, debemos desarrollar. Que en suma redunda en favor del hombre concreto argentino. Por eso decía hace casi cincuenta años el Gral. Perón: "Levantamos la bandera de nuestra doctrina en defensa del hombre, del hombre auténtico y total, materia y espíritu, inteligencia y corazón, individual pero social, material pero trascendente, limitado pero infinito".
37.-Reivindicamos, por tanto, la vigencia del concepto de Comunidad Organizada enunciando repetidas veces por el genial creador del Justicialismo y jurídicamente plasmado en la Constitución Nacional de 1949, derogada en 1956 por un bando militar, avalado por la dirigencia política de entonces, a instancias del Fondo Monetario Internacional.
Expresa Buela que en aquélla "los postulados de libertad, justicia y solidaridad" suplían a los franceses de libertad, igualdad y fraternidad que fueron tomados en la constitución de 1853. Para la de 1949, la libertad es libertad en situación, pues nadie puede ser libre en un país esclavo.
En este concepto social "al sentido de comunidad se llega desde abajo y no desde arriba"; de allí la necesaria revalorización de las comunidades intermedias o "de las organizaciones libres del Pueblo", como el mismo Perón las denomina. Estos grupos sociales "constituyen una de las manifestaciones más expresivas de la sociedad contemporánea" (Eduardo Raúl Stafforini).
En efecto, en virtud de su dimensión social, el hombre vive y se desarrolla en entes comunitarios de diversos grados. Se trata de jerarquía y de armonía, dos elementos totalmente ajenos tanto al liberalismo, cuanto al marxismo, y a su variante social-demócrata. Armonía y jerarquía que deviene de la Justicia Social, "virtuoso equilibrio" que concluye "en la unidad de orden", como acertadamente expresa H.O. Legnani. Por eso es que deben favorecerse las asociaciones cuya finalidad impliquen la defensa y promoción de valores, culminando en una comunidad, pirámide de federaciones, no constituidas por simples individualidades aisladas e inermes, como sucede en el actual sistema de partidos políticos. La seudo representatividad de éstos debe dejar lugar a una genuina representación orgánica e integral, entendiendo como tal la que no se encuetra bastardeada. En efecto, las necesarias organizaciones sociales, reflejadas en comunidades intermedias, podrán controlar lo que Maurice Duverger llama la ecuación sufragio -medio de difusión-dinero-poder. Sólo así se habrá de permitir una auténtica renovación de cuadros y podrá realizarse la determinación libre de candidatos;y, no, como lo efectúa el sistema demoliberal, elección "entre candidatos". El sistema, como escribiera P. Osés, está tan bien diagramado que hace que "hasta los enemigos voten por él". Y hoy se halla fortalecido con la prepotencia del Nuevo Orden Mundial; que lo ha elevado a la categoría de religión: con dogmas, ortodoxia, elegidos y réprobos (Pierre Gaxotte). De allí que para su imprescindible cambio es necesario abordar dos situaciones, complementarias y concurrentes: el hecho revolucionario, porque de buena gana los parásitos del sistema no van a querer perder sus mal habidos privilegios; y la unidad con naciones vecinas. No se puede ser libre rodeado de naciones dominadas. La dolorosa experiencia que sufrimos en 1955 así lo demuestra.
38.-El hombre vive, de hecho y derecho, en relación con sus semejantes. Es decir, transcurre en sociedad, esencial y existencialmente, por medio de su integración a variados organismos naturales, unos (como la familia, el gremio, el municipio), voluntarios, otros (clubes, cooperativas, sociedades de fomento, cooperadoras, juntas parroquiales, etc,etc,etc.). Este denso tramado y variada gama de organizaciones intermedias es esl que tutela la libertad individual, refuerza el cuerpo social, solidifica el alma nacional, da verdadera representación a los ciudadanos, vigila la acción estatal para que ésta no entorpezca, ni por acción ni por omisión, ni por exceso, ni por defecto, la tutela de los derechos humanos fundamentales de la persona.
El municipio, verdadera familia de las familias, se convierte en el ámbito natural de convivencia política. Esta democracia social u orgánica, así conformada, crea "un sistema de instituciones políticas y sociales que garantice la presencia del pueblo en la elaboración de las decisiones y en el cumplimiento de las mismas"; tal comunidad así organizada es sinónimo de comunidad liberada (Perón). "El equilibrio se da cuando el poder político y la soberanía social -familia y cuerpos intermedios- se conjuugan en un ámbito de jerarquías y autoridades debidas, en función del bien común" (José Luis de Napoli). Serán libertades, derechos y poderes que corresponden a competencias reales para la realización comunitaria (Michel Creuzet). Es la organización tantas veces enseñada por la Doctrina Social de la Iglesia y otras tantas ni siquiera considerada por la clase política (a la cual le falta "clase" y no es "política") Y concluimos este capítulo, como no podría ser de otra manera, con una clarificatoria cita del célebre discurso del 9 de abril de 1949 que clausurara en la ciudad de Mendoza el Primer Congreso Nacional de Filosofía: "Nuestra comunidad a la que debemos aspirar es aquélla donde la libertad y la responsabilidad son causa y efecto en que exista una alegría de ser, fundada en la persuasión de la dignidad propia. Una comunidad donde el individuo tenga realmente algo que ofrecer al bien general, algo que integrar y no sólo su presencia muda y temerosa".
Sólo así el Pueblo podrá ejercer realmente "el poder que viene de Dios" en una "democracia plena de justicia social" (Perón).
CONCLUSIÓN
Pese al hastío, descreimiento y frustraciones, los argentinos tenemos ansia de Patria; y en esa marcha de la historia universal y de la nuestra propia, sentimos y percibimos la necesidad y urgencia de vivir dignamente en una nación libre, grande y respetada. La República Argentina tiene una misión trascendental a cumplir de la cual debe sentirse servidora: reconstrucción de la Patria Grande, sin la cual será impensable la Segunda Independencia de nuestras naciones. De allí que la obligación de los argentinos es doble: hacia nuestra propia tierra y hacia nuestra América. Esa independencia, como en su momento lo fuera la primera, habrá de trascender fronteras para hacer sentir su hálito esperanzador a lo largo y a lo ancho de la Nación Iberoamericana.
El fundamento se halla en la acción de todos por una Argentina políticamente soberana, económicamente desarrollada, socialmente justa y culturalmente integrada como deber sagrado de todos cuantos se sientan artífices del destino común; derrotar al enemigo imperialista es punto de partida para la realización de cada uno. Logrado esto estaremos en condiciones, desde los horizontes más amplios de nuestra americanidad, prolongándose la acción desde Méjico hasta la Antárdida. Por esa unidad e integración tantos compatriotas entregaron vida, fama y bienes desde las heroicas epopeyas de San Martín y Bolívar, de Artigas y Dorrego, de Rosas y Lavalleja, de Gual y del Valle, de Rubén Darío y Morazán, de Ugarte y José Figueres, de Herrera y Torrijos, de Felipe Varela y Velasco Alvarado, de Juan Pablo Viscardo y José Martí, de Mariátegui y Sandino, de José Enrique Rodó y Ramiro de Maeztu (tan hispano y por eso tan nuestro), de Yrigoyen y Perón..., en medio de una interminable pléyade de compatriotas, muchos de ellos desconocidos, pero que dieron su vida por la GRAN NACIÓN IBEROAMERICANA.
Los argentinos tenemos el deber de encabezar esta batalla: "La tarea de la recuperación nacional debe iniciarse sin demora, si es que no queremos perder la Patria. A los ofrecimientos de vasallaje de los que mandan hay que oponer la voluntad de ser los ciudadanos que tienen el orgullo de llamarse argentinos" (José Luis Torres). A esos argentinos convoca el Gnral. Perón a "hundir hondas raíces" en nuestra "tierra grande y generosa, como único camino esencial para florecer en el mundo".
Nos están llegando "los mensajes de naufragio" (Leopoldo Marechal); pero es posible volver a ser dueños de nuestro destino, enfrentando con coraje a quienes buscan desvirtuarlo. Porque "sólo el Amor vencerá al odio, sólo la Verdad vencerá a la mentira, sólo la Justicia traerá la Paz Verdadera" (Jorge J. González Iramain).
De allí que nuestro símbolo deba ser el cóndor que, habitando en las alturas, supera la bajeza de los que se arrastran; porque, como decía Perón, es el que vuela más alto, ve más lejos y no se marea con las alturas.
¡Por la Patria, tierra de los padres! ¡Por la Nación, tierra de los hijos! ¡Por Nuestra América, madre común a lograr!
¡ARGENTINA ES POSIBLE!
|
©Copyright 2002. Todos los derechos reservado